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Especial Cine LGTBIQ+

Me da una rabia inmensa que parezca que solo se habla de cine arcoíris en el mes del orgullo. Antes era un día, pero ahora, como da dinero subirse al carro, las empresas se han adjudicado un mes entero para colarnos el logo de colores y luego olvidarse.

También me quema que muchas de las películas del "género" sean dramas como pianos. A ver, que a poco que lo pienses es comprensible; la historia no ha sido precisamente un camino de rosas, pero bajo el paraguas de colores hay muchos estilos y no todos tienen que acabar en drama Y lo digo yo, que no hay cosa que me guste más en la vida que un buen drama LGTBIQ+, pero a veces el cuerpo pide un respiro.

Quizás el problema es que seguimos esperando que el cine LGTBIQ+ sea un evento excepcional, cuando lo que realmente necesitamos es que sea, simplemente, cine. Que las historias dejen de ser "la película de la chica trans" o "el drama del chico gay" para ser historias de personas, con sus taras, sus miedos y donde las preferencias a la hora de acostarse con alguien sean del todo irrelevantes.

Como parte del colectivo, admito que cualquier peli con un elemento LGTBIQ+ me parece, de entrada, más interesante que las que no lo tienen. Llamadme básica, pero me gusta verme representada, aunque sea mínimamente. Eso sí: sé perfectamente cuándo algo está metido con calzador solo para cumplir el cupo de la diversidad. El tokenismo huele a kilómetros.

Y siempre me jode un poco cuando los actores o actrices que hacen de gais, lesbianas o trans resultan no ser ninguna de esas cosas en su vida real. "Ay, Ele, es que son actores, su vida va de fingir cosas que no son, tampoco Harrison Ford es arqueólogo". Sí, lo sé, gracias, pero aun así siento un leve picor; quizá porque muchas veces creo que solo aceptan el papel porque les supone un reto, como si amar diferente fuese un disfraz de payaso que te pones para ganar unos euros. En fin.

Quizá mi primera película LGTBIQ+ consciente fue Brokeback Mountain. La fui a ver al cine en aquella época en la que iba todos los findes o los viernes al salir del cole. Una época donde me compraba la Fotogramas, la Cinemanía, la Acción Cine y revistas extranjeras que me costaban un dineral solo porque salía mi actor o actriz del momento en portada. Por aquellos días mi fetiche era Heath Ledger y yo tenía que ver su última película. Tranquilos, era perfectamente consciente de la trama; no es que fuese yo en la ignorancia a verla y me encontrase con la historia de repente. Recuerdo que, en el momento, me pareció un poco meh. Quizá influyese mi tirria por aquel entonces hacia Jake Gyllenhaal (no me preguntéis por qué, pero bueno, luego vi Animales nocturnos, entre otras, y se convirtió en uno de mis favoritos; cosas de la vida).

Años más tarde volví a ver la cinta y me gustó un poco más; un poco Pasión de Gavilanes y con todos y cada uno de los clichés que esperas, PERO buenísima, con ese final completamente devastador y esa BSO hecha para romperte el alma. Pero, sobre todo, fue y es una película necesaria. Porque para mí, todas las películas arcoíris son siempre necesarias (menos las de Eduardo Casanova). Como ya he dicho, he visto un montón de películas y me resultaría imposible y un poco aburrido nombrarlas todas. Pero ya que hablamos de heteros fingiendo ser homosexuales, tengo que nombrar a otro de los grandes amores de mi vida: Colin Firth en A Single Man, donde Tom Ford nos regaló una historia de duelo, amor y pérdida de la mano de Colin y el bueno de Matthew Goode.

Otra película que no es un drama es But I'm a Cheerleader (But I'm a Cheerleader), protagonizada por una jovencísima Natasha Lyonne a la que mandan a un campamento de rehabilitación cuando sus padres se enteran de que es lesbiana. Una sátira que pone todos los clichés habidos y por haber sobre el colectivo en la mesa y hace que te partas con ellos, la verdad. Un humor absurdo ligerito de los 2000. Una joyita, como se dice ahora.

También está Love, Simon, una peli de adolescentes confusos, ligera y muy bonita con una escena que me viene a menudo a la cabeza: la recreación de una salida del armario inversa, donde le dices a tus padres que eres hetero y ellos reaccionan desproporcionadamente. Un diez, la verdad. Y si hablamos de cosas cuquis no puedo ignorar Heartstopper, la serie más cuqui de la historia de Netflix, basada en los cómics del mismo nombre y que, aunque contiene drama, en general es todo boniquísimo.

En el apartado lésbico también hay de todo. La aclamadísima La vida de Adèle es una de esas películas que le encanta a los heteros y a gente con un palo por el culo en cuanto a gustos cinematográficos, pero que generalmente detestan las lesbianas (no he encontrado a una sola a la que le guste...) y yo me uno al club de las haters porque no la aguanto. Hay muy pocas películas que deteste con saña y esta es, sin duda ninguna, una de ellas.

Call Me by Your Name es una de mis películas favoritas de los últimos 20 años; esto es así y tengo que decirlo. En un vídeo para mis redes admití que fue una de esas cintas que llegan para salvarte o destruirte la vida en un momento concreto. Hay veces que tu propia realidad aparece representada casi milimétricamente en pantalla, y eso fue lo que me pasó con Elio y Oliver.

Por eso me jode que Oliver (Armie Hammer) se viese envuelto en aquella polémica caníbal (¿os acordáis? Porque yo sí, y mucho) y ahora Timothée Chalamet se haya vuelto uno de los actores más insoportables de Hollywood, porque eso arruina irremediablemente la experiencia de los revisionados de la película. Yo intento sobreponerme, de verdad que sí, pero siempre pienso eso de: "Joder, este tío quería comerse a la peña".

Aveces, en alguna historia se cuela algún gay real (muy pocos también os digo,
con la cantidad de maricones que hay en Hollywood; perdonad la expresión, pero yo puedo usarla, tengo carnet), como es el caso de Desconocidos (All of Us Strangers), una película preciosa protagonizada por un Andrew Scott que está inmenso y Paul Mescal (que también está bien, ojo) sobre el dolor, la soledad, la familia y la pérdida que os recomiendo muchísimo si queréis echar una lloradita y no sabéis con qué. Pero no solo vivo de las películas que se monta Hollywood; España a veces también me da cosas, como Te estoy amando locamente, que mezcla el inicio del movimiento LGTBIQ+ en Sevilla con una sensibilidad abrumadora.

Una de las películas más chulas (en general, como concepto) que conozco es Pride. Una historia maravillosa y basada en hechos reales sobre cómo un grupo de activistas LGTBI de Londres decide recaudar fondos para apoyar a las familias de los mineros galeses durante la huelga de 1984. La película muestra el choque cultural inicial y cómo después acaban siendo todos amigos por el nexo común: el odio a Margaret Thatcher. Una de las pocas películas cozy dentro de un género condenado a ser un comprensible drama eterno.

Hay otras dos películas que, si bien no detesto con la saña de Adèle, definitivamente no son santo de mi devoción ni entenderé nunca las críticas favorables: Retrato de una mujer en llamas y Carol. Ambas se me hicieron tediosas hasta el infinito (y más allá). Me encontré ante unos personajes con los que, a mi juicio, era imposible conectar. O quizá sea yo, repito, que me cuesta ver a Cate Blanchett en un rol hecho para pagar facturas.

Pero no todo es drama tampoco en el terreno lésbico. Si el cine fuese música, Rosas rojas sería ese pop dosmilero que te pone de buen humor. Es la historia de Rachel, que se enamora de la florista de su propia boda, que resulta ser Cersei Lannister (Lena Headey). Y no me olvido del apartado trans con La chica danesa, que, para mí —lo siento muchísimo— es una auténtica desgracia de película con un Eddie Redmayne absolutamente sobreactuado. No sé qué opinará el colectivo trans sobre ella, pero me da que no difieren mucho de mi opinión. Lo único bueno de la película es la visibilidad, como siempre. Y no me hagáis hablar del Oscar que le cascaron a Jared Leto por Dallas Buyers Club en un papel similar.

Por suerte hay historias como Girl, del belga Lukas Dhont, mucho mejor contadas y creo —CREO— que más realistas. Si hay alguien del colectivo leyéndome que confirme, desmienta o me mande su lista de pelis al email contacto@elecineclub.com, por favor y gracias.

Una cosa que me jode de muchas películas, sobre todo de éstas últimas mencionadas, es que casi nunca se cuentan historias normales protagonizadas por personas trans sin que su identidad sea el centro absoluto del conflicto. Como si solo pudieran existir en pantalla a través del sufrimiento o del drama. La verdadera diversidad, en cambio, sería verlas viviendo historias cotidianas: con trabajos, amistades, rutinas, miedos y pequeñas victorias, donde su identidad forma parte de ellas sin definir toda la trama. Porque al final, también merecen ser personajes complejos, humanos y normales, no solo símbolos de tragedia.

Podría continuar así durante horas, pero aunque esta sea mi página web y y por tanto, me la folle cuando quiera, creo que por hoy ya está bien de dar la chapa. Es que me pongo a escribir y no paro chiquis!

Gracias por leerme,

Os quiero!

En definitiva, que se siga vendiendo el arcoíris como se prefiera, pero la realidad es que el cine LGTBIQ+ continúa siendo un campo de batalla y un refugio a partes iguales. Poco importa si se trata de dramas para agotar el paquete de clinex o de comedias que arreglan la tarde; lo único exigible es que se deje de tratar al colectivo como un cupo que rellenar y se empiecen a ofrecer historias de verdad, de esas que no huelen a falso Óscar ni a marketing de junio.

Fotograma de Brokeback Mountain

Fotograma de Carol

Fotograma de Pride

Fotograma de Rosas Rojas

Fotograma de But Im a Cheerleader

Fotograma de La Vida de Adele

Fotograma de Retrato de una mujer en llamas