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Tim Burton: el genio que me ayudó a encajar

Siempre me he sentido un poco rara.

Suelo decir que soy demasiado normal para ser extraña y demasiado extraña para ser normal. Como si viviese en un punto medio; un equilibrio que, dependiendo del contexto, se inclina hacia un lado u otro. Pero me gusta creer que siempre, en cualquier circunstancia, soy un poquito peculiar.

También creo que hay muchísima gente ahí fuera diciendo que Pesadilla antes de Navidad es su película favorita sin haberla visto siquiera. O peor: sin saber que, en realidad, no es de Tim Burton como tal. Antes los llamábamos posers, ahora no sé cómo se llaman, pero tampoco me importa. Los raritos siempre nos identificamos con el bueno de Tim, el Mesías. Aquel que llegó para salvarnos, para dibujar al "Chico Ostra" y trazos que cualquier emo querría tatuarse. Él llegó para dar voz y mucho corazón a historias tan inusuales como él mismo. Para dar luz a la oscuridad y ponernos en el mapa, logrando que dejasen de señalarnos hasta el punto de convertir a los "margis" (como me llamaban en el colegio) en algo incluso envidiable.

De manos de tijera y bioexorcistas

Creo que la primera película que vi de Tim fue Eduardo Manostijeras. Qué decir que no se haya dicho ya. Una cinta en la que no solo Burton estaba en su prime, sino donde también lo estaban Johnny Depp y Winona Ryder: dos ejemplos perfectos de bichos raros que Tim acogió bajo su ala (los raros tenemos que apoyarnos entre nosotros). Logró que una historia que en manos de cualquier otro hubiese resultado absurda, se convirtiese en un éxito de taquilla y en historia del cine.

Como historia del cine fue también Beetlejuice. Si bien llegó antes que Eduardito, yo la vi después... y me traumaticé, también os digo. Era demasiado pequeña para tantos estímulos del inframundo, para ver gente que se abría la cabeza o se convertía en una especie de pterodáctilo, y para aquellas serpientes de rayas en paisajes arenosos con las que todavía tengo pesadillas. Pero, de nuevo, hizo magia: una película que parecía hecha para cerebros a medias se convirtió en algo maravilloso. Nos dejó escenas icónicas como el baile de Banana Boat, el momento "me abro la cabeza" o ese final apoteósico.

Luces, sombras y alienígenas cabezones

Y llegaron Batman y Mars Attacks! a mi vida. Dos películas que se salían de lo que yo creía que era Burton (oscuro, gótico, divertido) para darme una de aliens divertidísima —aunque reconozco que no me dice gran cosa por esa ausencia de "gotiquismo"— y un superhéroe al que no le tuve aprecio hasta que fui más mayor y comprendí la leyenda y el universo que representaba el superhéroe oscuro.

Y luego está Sleepy Hollow. Probablemente pasó sin pena ni gloria para muchos, pero a ojos de una quinceañera era una obra maestra. Y hoy, mil años después, sigo opinando lo mismo. Qué fotografía, qué historia, qué grandes Depp en su perfección sobreactuada y Christina Ricci. Qué miedo Christopher Walken como el jinete. Qué vestuario, qué ambientación... qué maravilla.

La perfección animada y el sol de Big Fish

La novia cadáver es una de mis películas de animación favoritas. Hace poco alguien me la regaló en 4K y ojalá tuviera la capacidad de no pestañear para no perderme ni un nanosegundo. Si pudiese vivir en una estética, en un conjunto de colores y vibras, sería en este universo. Quiero ser Emily, Victor, Victoria y hasta el perrito. Quiero ser esos árboles y el viento; quiero serlo todo (menos los personajes malos de "culo triangular" que tanto le gustan a este director).

Y también llegó Big Fish a mi vida. Esa película del "otro" Burton: el que es luz, el que sigue dando voz a los cuentos y a la gente peculiar, pero desde un plano donde llegan el sol y la vida. De joven decía que era mi película favorita, pero la sobreexposición me ha hecho apartarla un poco. Ojo, sigo creyendo que es buenísima pero siento que es la película favorita de la gente que no ve películas. Si me dices que tu película favorita del mundo es Big Fish o El club de la lucha, mi cerebro te encapsula en un desierto árido sin posibilidad de retorno, sorry not sorry. Gente de funkos, gente que lee a Dan Brown, sarpullido cultural.

Sangre, música y el declive

Odio los musicales. Lo he dicho millones de veces en mis redes y también en esta página. Pero solo Tim es capaz de convertir uno de mis géneros más detestados en algo que llevar en mi carpeta imaginaria (bueno, él y Baz Luhrmann). Sweeney Todd es otra de esas películas en las que me quedaría a vivir. ¿Helena Bonham Carter y Johnny Depp en esta película son mi sueño húmedo? Absolutamente. Mi reino por ese vestuario para ir al Mercadona a hacer la compra un martes cualquiera.

A Alan Rickman no voy ni a nombrarlo porque implicaría decir cosas que no son propias de una señorita.

Echo de menos al bueno de Tim. El que arriesgaba y ponía en el número uno historias bizarras con los marginados de Hollywood. Entiendo que la edad pesa, y que las expectativas sobre tu persona son un plato difícil de lidiar pasados los 50. Personalmente, no soy fan de su Alicia (aunque estéticamente sea abrumadora), no me gustó Dumbo ni su Charlie y la fábrica de chocolate, y ojalá poder borrar de mi memoria la existencia de Sombras tenebrosas.

Sin embargo, un atisbo de luz resurgió con Frankenweenie. Una película de diez de la que no se habla lo suficiente y nunca sabré muy bien por qué porque es una de mis pelis favoritas (digo mucho esa frase ahora que lo pienso....).

Quizás el problema no es que Tim haya cambiado, sino que el mundo se ha vuelto demasiado sumiso en cuanto a las historias que se atreve a contar. Vivimos en una era donde los grandes estudios solo te financian si pasas por el aro de lo políticamente correcto o lo comercialmente seguro. Las ideas brillantes y arriesgadas se opacan en pos de nombres como Chalamet o Zendaya, donde prima más que el protagonista sea una "marca" conocida que la propia alma de la historia.

Siento que, de alguna manera, el círculo se ha cerrado. En esta industria de algoritmos y caras bonitas de catálogo, Tim ha vuelto a ser lo que siempre fue: un marginado. Y quizás, solo desde ese rincón de exclusión, sea capaz de volver a regalarnos algo que nos haga sentir, de nuevo, que nuestras peculiaridades son lo que hace que estar vivo merezca la pena.

O quizá no, quizá no le sale de las pelotas hacer otras cosas. Qué sabré yo!

Pero a pesar de los baches y de sus encuentros con Disney, siempre le deberé el haberme enseñado que ser un "margi" no era un castigo, sino un superpoder. Que estar un poco cucú de la cabeza es lo que nos permite dejar que entre la luz, entre tanta sombra y que al final, todos somos un poco el chico ostra buscando su lugar en la playa.

Y mientras queden bichos raros, siempre necesitaremos un Tim Burton que nos recuerde que ser normal está sobrevalorado .

Chinpún

Os quiero.