⚠️ PÁGINA EN CONSTRUCCIÓN (HAGO LO QUE PUEDO JEJE) ⚠️
Stranger Things
Por Ele Pinkman
4 min leer


No sé cómo empezar esta opinión sobre Stranger Things. Hace tanto tiempo que vi la primera temporada que, literalmente, ahora soy otra persona; una que no recuerda quién era hace nueve años. Y cuidado, porque a partir de aquí voy con todos los spoilers posibles.
No me quiero quedar con lo malo; no me quiero quedar con el merchandising excesivo que siempre es sinónimo de mediocridad. No me quiero quedar con los morritos nuevos de Eleven (perdón, Once), dudosos para una niña que tendrá unos 15 años en la serie (entiendo que Millie ha crecido y se ha desarrollado, pero si pudimos poner a Jacob Elordi como Frankenstein, podemos rebajarle los labios a Millie). No quiero quedarme con cómo la última temporada no hay por donde cogerla respecto a la trama o los guiones. No quiero resaltar que, de pronto, parece que nadie sabe actuar, ni siquiera los personajes adultos.
No voy a entrar en lo de Max perdiendo el tiempo antes de irse a su portal o lo petarda que me ha resultado siempre su personaje.
Ni cómo después del final de la cuarta, donde parecía que la ÚNICA posibilidad era directamente una guerra, hayan escurrido el bulto poniendo cuatro plaquitas de pladur en el suelo para mantener a raya el Upside Down. Tampoco me apetece quedarme en cómo me han colado tres horas y media de capítulos llenos de paja donde sobraban casi dos horas.
Ni quiero hablar de ese final eterno que hace aguas por todas partes, con agujeros de guion dignos de alguien que no conoce su propia serie, ni de esos últimos 55 minutos de NADA, de AIRE, donde solo vemos despedidas ridículas y forzadas. Tampoco tengo yo ganas de preguntar muy en serio qué narices han pintado los militares en toda la serie, porque claramente no han servido para nada; y si algo no soporto es que me tomen por tonta como espectadora. Me recuerda al episodio ese de Los Simpson de “lo hizo un mago” como explicación para todo. Si eliminas un personaje o una trama y la serie permanece invariable, es que se te ha ido la castaña por donde no debía.
El momento Purple Rain ha dado todo el cringe que pueda dar una escena entre dos actores que claramente no se soportan y la “muerte” de Eleven ha sido para olvidar. QUE SE LA LLEVA EL VIENTO, MARICHOCHO. Me río por no llorar.
¿Dónde están los demogorgons o demoperros o, en general, los adorables bichos que custodian a Vecna? ¿De vacaciones en Málaga, como todos los extranjeros? De verdad, no era tanto pedir.
Mike elige creer que Eleven está viva por ahí buscando un sitio con tres cascadas, y los fans decidimos creer que todo había sido un sueño de Resines. En nuestro delirio colectivo nos pusimos a imaginar que nos la estaban colando y existía un episodio secreto que nos daría solo un poco de aquello que pedíamos. Que ya no era algo mejor, solo queríamos sentido. El cierre que se merece una serie que nos ha dado tanto en estos diez años.
Ha sido un final flojo, tibio, mediocre. La inexistencia de un episodio secreto que lo “arreglaría” todo solo confirma los fallos garrafales de guion y la desgana total que se ha tenido en el cierre. Pero me quiero quedar con lo bueno de esta historia, que al principio era todo: una serie de misterio ambientada en los ochenta, unos Goonies modernos con un cast que lo bordaba.
Es una serie que ha vivido, creo yo, muy por encima de sus posibilidades, con una extensión indecente y un presupuesto digno de Marvel (que ni han sabido usar) y que debió terminar cuando aún estaba a tiempo.








Cuando el éxito se convierte en Demogorgon (y te come)
"Hoy en Max En La Onda tenemos con nosotros a Holly Wheeler..."
Cuando el final de una serie exige constantes explicaciones por parte de los creadores, es que quizá no es tan bueno como crees. Aunque supongo que, al más puro estilo Óliver Laxe, los Duffer Brothers creerán que sencillamente el público no está preparado para su alarde de intelectualidad.
Recordemos que en el "cómo se hizo" de la última temporada ellos mismos admiten que escribieron el guion sobre la marcha. No sé, Rick...
Hemos llegado incluso al punto de fantasear de manera colectiva en un delirio que propone que lo que hemos visto no es el final; que los hermanitos tenían una jugada maestra bajo la manga y sacarían un episodio extra con el “verdadero final”.
Si lo pensamos, es un poquito fuerte. Que hayamos tenido que tirar de locura colectiva porque el desenlace nos ha dejado tan desangelados que nosotros sí que, parafraseando a Mike, elegimos creer.
Al final, nos queda la sensación de que nos han vendido una entrada VIP para acabar viendo el espectáculo desde la última fila y detrás de una columna. Es triste que una serie que cambió las reglas del juego termine pidiendo perdón y dando explicaciones en entrevistas porque el guion no se sostiene ni con pinzas.
Nos queda el recuerdo de lo que fue, pero sobre todo, nos queda la lección: a veces, es mejor dejar que las historias mueran con dignidad antes de que se conviertan en su propia caricatura. Una pena que no supieran cuándo era el momento de recoger los bártulos y cerrar la puerta.
Has siempre Hawkins!
Me voy, mi planeta me necesita
Eleven modo Dora La Exploradora
Los mosqueperros de Hawkins
