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Sobre Harry Potter
Por Ele Pinkman
5 min leer
Me he propuesto no dar más cobertura a esta serie, por principios. No puedo caminar bajo el paraguas arco iris y mirar para otro lado.
Pero admito que me resulta terriblemente complicado, sobre todo no ser mala. No quejarme de cosas. No hacerle la pelota al algoritmo (cuando salga, todo el mundo hablará de ella menos yo). El único perfil friki que no hablará de la maldita serie de Potter (decir esto último con voz de Draco Malfoy). Sobre todo porque, repito, sé que hay mucha gente en mi tesitura. Interesada pero desinteresada, con el corazón roto y dividido entre la expectación, el cotilleo y los principios.
No estoy siendo radical, y soy consciente de que a muchos todo este tema se la trae floja. Que seguirán consumiendo Potter en vena y me parece perfecto. Al final esto no es más que una convicción, como el que no come carne o no compra en Shein. Ya sé que la mitad de lo que consumimos en la vida proviene de dudosas fuentes, pero supongo que cada uno elige sus batallas y esta es una de las mías 🤷♀️
Una parte de mí espera que la serie fracase. Que sea un desastre absoluto. No porque lo merezca en conjunto (seguramente será espectacular, HBO hace las cosas bien), sino para enviar un mensaje claro a su autora: nuestro amor por Potter es infinito, pero el asco que te tenemos es todavía más grande.
Y ya está, tenía que decirlo.


Me he borrado mi tatuaje de Harry Potter.
Pero retrocedamos un poco en el tiempo.
Cuando salieron Las Reliquias de la Muerte, el último libro de la saga de JK Rowling, yo estaba haciendo prácticas en el hospital de un ciclo que me había sacado. El hospital en cuestión tenía una pequeña tienda en la que vendía un poco de todo, estilo tienda de aeropuerto. Lo mismo vendía chuches, que periódicos, que libros o puzzles. Cualquier cosa que resultase entretenida para echar las horas en un sitio en el que nadie quiere estar.
Entré a trabajar a las 7, la tienda en cuestión estaba despertando y yo me pasé mi turno pensando en si esa tienda minúscula de hospital tendría el libro de Potter. Llegó el descanso y, como si tuviese un cohete en el culo, subí las 6 plantas que me separaban de ella y, efectivamente, allí estaba. De hecho, recuerdo que estaban sacando los ejemplares de las cajas de cartón para poder colocarlos. Cogí uno de esos ejemplares, que no tenía ni precio, y lo pagué con el dinero que mis padres me habían dado para comer.




Salí de allí, me senté en una silla de una sala de espera cualquiera y me puse a leer. No desayuné, me daba todo igual, solo quería leer. Seguí con mi turno pensando en el momento de salir y, cuando cogí el bus, me puse a leer otra vez. Llegué a casa y seguí leyendo. Leyendo, leyendo, leyendo…
Y el niño mago se quedó conmigo para siempre. Vinieron años de profunda obsesión. De ir al parque de Londres y todas esas cosas. Había gente que no sabía mi nombre pero se refería a mí como "la de Harry Potter" porque ese era el primer dato que la gente tenía sobre mí.
Unos años después, en un viaje a Edimburgo, la ciudad que había inspirado Hogwarts, decidí hacerme mi primer tatuaje, y qué mejor primer tatuaje que algo sobre lo que sentía un amor profundo, intenso e inagotable: Harry Potter.
Ahora, un siglo después, ese tatuaje no existe. Quedan solo los vestigios de lo que fue, reconvertido ahora a un par de Kirbys despistados.
Mi amor por la historia sigue intacto, pero su autora lo ha ensombrecido. Me entristece profundamente que la que una vez fue casi una heroína para mí (yo también quería ser escritora) se haya convertido en ese despojo que se enorgullece de ir en contra de los derechos humanos.
El eterno debate de separar autor y obra. Habrá quien lo encuentre sencillo, quizá porque nunca sintieron este apego, quizá porque son fans pero no obsesivos y desde esa óptica todo es más fácil.


Para mí, JK murió el día que me enteré de que era una TERF de mierda. La Rowling que vemos hoy por ahí, para mí, no existe. Es un fantasma, uno de tantos que caminan errantes por el mundo.
La saga se escribió cuando JK estaba viva, los libros no están "mancillados" por un cerebro carcomido de podredumbre y odio o al menos en eso me escudo para poder seguir amando la obra y despreciando profundamente a su autora. Porque si no… ¿qué hago? No puedo eliminar lo que fue casi, casi, un pilar básico cultural en mi vida durante 20 años. No puedo borrar (ni quiero) lo que me hacía/hace sentir Harry Potter. La historia vivirá siempre conmigo y me gusta que así sea.
Me aferro a esa tontería, a pensar que cuando nació Potter como fenómeno todavía estaba todo bien en el mundo.
Huelga decir que a esta señora hace años que no le reporto ni un duro, pero me sigo interesando en productos de merchandising, no para comprarlos, que faltaría más, pero sigo admirando tal o cual cosa que va saliendo y pienso "vaya, qué bonito", aunque jamás vaya a formar parte de mi colección, ni siquiera unos calcetines.
Mi perfil de redes sociales no es un perfil de cine y series al uso. Es un perfil sobre una fan friki hablando de las cosas que le gustan (y de las que no!). Es una comunidad preciosa de fans de todo el mundo unidos por diversos fandoms.
Uno de esos fandoms es Harry Potter.
En breve se estrena la serie de HBO. Una serie completamente innecesaria, porque no, no ha pasado tanto tiempo como para necesitar "conectar con nuevas audiencias". Una serie que, en caso de llegar a verla (repito, he sido y soy fan, de tatuaje más o menos), no lo haré en la plataforma para no reportar ni un céntimo de euro a esa señora. Me puede la curiosidad, pero… de todas formas esos no son mis niños. Esos no son mis profes. Esa no es mi familia. Son todos unos impostores. Lo siento mucho, pero en este caso gatekeeping a muerte.
Vivir lo suficiente para convertirse en villano




Mi primer tatuaje
Los Kirbys despistados


