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Pesadilla Antes de Navidad

Por Ele Pinkman

3 min leer

Vaya por delante que, como buena ex-emo con reminiscencias, soy absolutamente fan de Tim Burton y de esta peli. Que si, que ya lo sé, que no es de Tim Burton pero todos la relacionamos con él. Mimimimimimimi.

Pero si algo he descubierto con los años, es que no me encanta tanto como antes. (Insertar aquí mi cara asediada por dagas y cuchillos afilados).

Para mí no es fácil admitirlo.

Mi casa está llena de merchandising de Pesadilla; la cara de Jack está por todas partes, tengo de todo, hasta ropa interior, lo juro. Me flipa la estética, pero la película hace tiempo que dejó de interesarme. Me irritan casi todos los personajes, incluida Sally. No puedo con los malos de esta historia; de hecho, el único que me cae bien es Jack y, por supuesto, Zero, el perrito fantasma.

Admiro la estética y la técnica del stop-motion, y para mí supuso un antes y un después. Creo que fue esta película la que me convirtió en friki de manera oficial. Admiro a Burton por encima de todas las cosas y seguirá siendo uno de mis directores favoritos, pero siento que, simplemente, ya pasó.

Lo cual, OJO, no quiere decir que no me compre todo lo que veo en Primark de la película ni que deje de pedir sudaderas de Jack a mis 38 añazos, pero si me pedís que la vea ahora, seguramente suelte un suspiro cansado.

¿De qué va esta película? El argumento es sencillo: Jack Skellington, el Rey de Halloween, descubre la Ciudad de la Navidad y se queda loco. En un arrebato de locura premeditada, decide que él puede hacerlo mejor (el clásico sujétame el cubata), secuestra a Papá Noel y se lo lleva a su terreno para crear una versión gore y alternativa que, evidentemente, no tiene nada que ver con el espíritu festivo. Es decir: algo así como un Grinch en versión gótica.

Solo Sally, la de la cara cosida y el pelo rojo, se da cuenta de que está cometiendo un error garrafal. Teniendo en cuenta lo blandita que es y toda la pesca, a menudo me pregunto qué hace alguien como ella con alguien como Jack. Igual la historia que subyace bajo una estética hipnótica es el clásico "niña buena busca chico malo". O quizá soy yo, que como buena millennial influenciada por las redes, busco toxicidades en todas partes.

Lo cierto es que me he dado cuenta de que consumo el universo de Jack como quien consume azúcar: por pura nostalgia. Me gusta el envoltorio, me encanta cómo queda en mi salón y me hace sentir que sigo conectada con esa niña que se pintaba la raya del ojo con un rotulador permanente, pero el contenido ya no me alimenta. He visto la película tantas veces que mis retinas ya han hecho scroll automático; ya no hay sorpresa, solo una repetición de canciones que me sé de memoria y que ahora me suenan a "hilo musical" de tienda de ropa alternativa o de fondo en los stories de niñas pijas que nos quieren convencer de que son alternativas hablando de lo más mainstream que te puedas tirar a la cara.

A veces me siento un poco fraude. ¿Se puede ser fan de algo que ya no te gusta cómo antes? Supongo que sí, que eso es madurar: entender que puedes amar el legado de una obra sin tener que tragarte sus 76 minutos de metraje por decimocuarta vez y decir que es tu película favorita porque de lo contrario te quitarán el carnet de emo/gótica/alternativa.

A menudo me pregunto cuánta gente conocida (sobre todo en redes, donde abunda esto de ser un poser) no será fan de las cosas que promueve pero siente que no puede decir lo contrario.

De pesadilla elijo quedarme con absolutamente todo menos la película en si. Vaya huevos los míos, lo sé.

Pero al menos a mi no me da miedo admitir que a veces el icono es mucho más grande que la obra.

Y que no pada nada (y que para sorpresa de nadie mi carnet de emo/gótica/alternativa sigue intacto).

Gracias por leerme, os quiero!

Cuando el merchandising mola más que la película