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Más Que Rivales
Por Ele Pinkman
5 min leer


Más que rivales es la serie de la que todo el mundo habla y la que, curiosamente, parece gustarle a todo el mundo menos a mí.
Una serie que causaba furor incluso antes de estrenarse y con la que Movistar ha estado rápido comprando los derechos, para subirse al carro del fenómeno viral y que todo el mundo hable de ella, por fin en español.
No me malinterpretéis: no es que no me haya gustado, es que me ha entretenido sin más. Otro fanfic más para la colección de ideas que parecen aportar algo pero en realidad no dicen nada nuevo. Y a juzgar por el éxito, se ve que tampoco hace falta.
Para los que no sepáis de qué va, os digo resumidamente que va de dos estrellas del hockey que se supone que se odian, pero que pasan más tiempo dándose calor en las habitaciones de los hoteles dónde se quedan que enfrentándose en partidos. El típico enemies to lovers de manual donde el "odio" es la excusa perfecta para el folleteo constante, aderezado con el drama de ser gay en un deporte de élite.
Vaya por delante que no me he leído los libros (como seguramente el 70 % de los espectadores), así que la juzgaré basándome únicamente en lo que proyecta la pantalla. Si la serie no hubiese tenido tanta repercusión, no estaría escribiendo esto porque la habría olvidado ayer mismo. El problema es que veo una y otra vez cómo la califican de "romántica" y yo no veo ese romanticismo por ninguna parte —o al menos en el 80 % del metraje—. Me molesta que intenten venderme un mensaje que, sencillamente, no está ahí.
Yo no veo romanticismo en una relación basada íntegramente en el deseo sexual. Pasan tantos años que lo lógico es desarrollar algún tipo de sentimiento más allá de ese deseo y entonces, solo entonces, podemos atisbar una pizca de "amor". Se comportan como dos chiquillos de quince años conociéndose, nada más. El miedo a exponerse los lleva a tener una relación entre paredes de acero dónde para ellos, la única persona de confianza es el otro. Y eso lo entiendo, ese miedo a lo que piensen los demás, esa vulnerabilidad frente a las masas es de lo poco que salva la serie.
Pero si confundes la lujuria con el amor, tenemos un problema. No digo que no se quieran; repito: a base de estar no sé cuántos años con un tira y afloja, algún sentimiento desarrollas. Pero los primeros cuatro episodios solo sirven para poner al espectador cachondo a base de música machacona y refrote constante. Solo en el último episodio apreciamos algo diferente y, al igual que no evalúo Juego de Tronos en su conjunto por su final, no voy a encumbrar esta serie solo por sus último episodio. (Excluyo de la lista el único episodio donde no salen los protagonistas, porque ese sí es el único que me ha gustado de verdad).
Desde que se estrenó en Movistar Plus+, no paro de oír comentarios positivos y su puntuación en Filmaffinity roza el 8. Yo, sinceramente, sigo sin entender por qué.
Aplaudo, por supuestísimo (dejadme enfatizar bien esto), que se hagan virales las historias LGTBIQ+. Quiero pensar que quizá está llegando a una nueva generación que nunca ha visto nada parecido; a chicos y chicas jóvenes que descubren el "amor arcoíris" o a amas de casa cuya última emoción fuerte fue 50 sombras de Grey. Pero cada vez que digo que para mí es un "meh" manual, recibo la misma respuesta: "¡Pero Ele, tía, si es superromántica! ¿Cómo no te va a gustar?".
Hice un vídeo comentando esto con humor y tuve que retirarlo de TikTok porque, primero, se me echaron encima y, segundo, no me apetecía lo más mínimo discutir con niñas irracionales con las bragas en la mano.
No voy a entrar en la representación de cuerpos esculturales, porque si yo fuese un chico gay tendría un serio problema de autoestima si mis únicos referentes fuesen siempre "dioses griegos" de gimnasio triunfando en la vida; aunque entiendo que, siendo deportistas de élite, en este caso tiene sentido.
Hubo alguien en TikTok que me insultó porque, según su criterio, la historia era preciosa porque Shane Hollander (el chico moreno) era autista. Vale... lo busqué. Dije: "A ver si va a ser verdad y no me he dado cuenta". Resulta que la autora confirmó que Hollander está dentro del espectro (también dijo J.K. Rowling que Hermione era negra después de veinte años). Yo, honestamente, solo vi a un chico tímido y un poco maniático con el orden. Y como esta web no la lee ni Dios, añadiré que el espectro autista debe de ser tan amplio que, a veces, se vuelve invisible.
Claro que es interesante plantear la homosexualidad en un mundo de secretismo como el deporte de alto nivel, donde mínimo tiene que haber veinte gays por cada cuarenta jugadores. Es necesario mostrar ese desarrollo del miedo, el pavor al "qué dirán", el ver comprometida tu reputación y asumir que jamás podrás ser tú mismo, de la necesidad de esconderte. Esa parte me parece lo mejor que plantea la serie con diferencia.
Soy dura con mi opinión porque llevo muy mal que la gente se trague los discursos de turno. Hay mucha gente que compra cualquier cosa que lleve la bandera LGTBIQ+ (nunca mejor dicho) y parece que, si hablas en contra, es porque eres un poquito homófoba (me río por no llorar). Me molesta la falta de criterio propio; que no se le dediquen dos minutos a pensar que igual Más que rivales no es tan idílica como la pintan, que es purita lujuria reconvertida en cariño hacia el final, y que sus defensoras acérrimas o no han visto nada de cine en su vida o son las mismas que babeaban por el tóxico de Christian Grey.
Es una serie entretenida para quien le guste el género y nada más. Quien quiera sacarle lecturas profundas, adelante, pero por mi parte no tiene mucho más que aportar. Cumple su función, la de entretener y poco más.
Y recordad que no pasa nada, es sólo una serie. No se ha muerto nadie.
Dilapidadme si queréis, os quiero igual.
Un casquete pre-partido siempre relaja








