⚠️ PÁGINA EN CONSTRUCCIÓN (HAGO LO QUE PUEDO JEJE) ⚠️

Los domingos

Por Ele Pinkman

3 min leer

¿Es Los Domingos una de mis películas favoritas de este 2025? Yo digo sí. La premisa, para quien no la conozca, es bien sencilla: qué harías si tu hija adolescente te dice que ha escuchado la llamada de Dios y quiere meterse a monja de clausura.

Creo que no me equivoco si digo que en todas las familias se ha usado la expresión de “me meto a monja” como algo extremo, como sinónimo de terminar con la vida sin salir del plano terrestre.

Como un castigo hacia tu propia persona, como el hartazgo absoluto de una sociedad que no nos representa. Meterse a monja como el acabose, como el fin de la vida. Hasta aquí he llegado, adiós muy buenas. En el caso de Los Domingos, la inquietud es real y viene de la mano de una chica en edad de descubrirlo todavía todo.

Se nos plantean dos versiones. La del padre, comprensivo, la que dice “ok, cariño, mientras tú seas feliz”, aunque con los recelos propios de un padre que va a “perder” de alguna manera a su hija y lo sabe, pero también sabe que no puede hacer nada. Nadie ha dejado nunca de hacer algo porque se lo prohibiesen; no es así como funciona la vida. Por otra parte, quizá me equivoque, pero me da la sensación de que ese padre que comprende es también egoísta.

Porque un padre cuya hija se mete a monja es un padre tranquilo. Un padre que sabe que su hija no será conflictiva, que no vendrá con un heavy de melenas que le hará un bombo con 17 años. Un padre que sabe que no tiene que preocuparse de que la niña salga hasta las 6 de la mañana o se alcoholice de vez en cuando. Y eso también pesa, aunque sea de forma inconsciente, a la hora de apoyarla.

Y por otro lado tenemos la versión de su tía, que no entiende por qué su sobrina, con toda la vida y las experiencias del mundo por delante, quiere meterse a rezarle a un Dios que quizá ni exista durante 12 horas al día y vivir arrodillada y rogando perdón por pecados que no son suyos.

La peli plantea un debate interesantísimo sobre muchas cosas más allá de las creencias de cada uno. ¿Por qué a los 17 se presupone que tengo la madurez suficiente para elegir una carrera, pero no para haber escuchado la llamada de Dios? ¿Por qué algunas cosas solo se aceptan según el interlocutor que nos esté escuchando? ¿Por qué hay algo de vergüenza en tener las cosas tan claras cuando eres joven?

En lo personal, pienso que todo tiene remedio menos la muerte. Si quieres ser monja, adelante; si te hace feliz, habrás encontrado el camino y, si no… digo yo que podrás volver al mundo real.

Siempre que te apetezca, claro.

Cuando la libertad consiste en encerrarse