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Lars y una chica de verdad

Por Ele Pinkman

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Una vez que ves esta película, piensas que, efectivamente, no había mejor elección de casting para Lars que Ryan Gosling. Simplemente, te lo crees.

Para los que no sepáis de qué va esta película (que ya tiene sus años, aunque parezca que fue ayer), os diré que cuenta la historia de un hombre de treinta años, soltero y con evidentes problemas para relacionarse que, llevado precisamente por la soledad, decide comprar una muñeca por internet.

Pero lejos de usarla para fines perversos, Lars la convierte en su novia real y formal. La cuida, la respeta, la saca a pasear. Se inventa una historia para Bianca (la muñeca) y juntos parecen felices mientras el pueblo, atónito al principio, acaba mimetizándose con su aparente locura y convirtiendo a Bianca en poco menos que una hija predilecta.

Por eso mismo englobo esta peli en el apartado de "Cine Cozy", porque sin que te vaya a cambiar la vida, es una de esas historias bonitas que te calientan un poquito el corazón. Siempre es reconfortante ver cómo un grupo de gente se une por algo y transmite un mensaje positivo; porque no sé vosotros, pero yo cada vez que enciendo la televisión me pregunto para qué lo he hecho.

A veces necesito una película "cuqui", sin más. Un mensaje positivo, sin demasiadas pretensiones. No todo el cine ha venido para revolucionar tu existencia, aunque, ahora que lo pienso, esta película sale a relucir con relativa frecuencia en mis conversaciones diarias.

Hay una cosa que me gusta mucho de la cinta y es la manera sutil que tiene de hacerte pensar hasta qué punto estamos todos “locos” o, mejor dicho, que todos tenemos nuestras rarezas. En concreto, hay un personaje obsesionado con que el gobierno le espía y le persigue. ¿Es eso más normal que interactuar con una muñeca como si fuese humana? A veces las rarezas nos parecen precisamente eso, rarezas, solo porque no las realizamos nosotros.

Otro de los motivos por el cual me viene Lars y una chica de verdad a la cabeza con asiduidad es por la bondad que desprende Ryan Gosling en su interpretación. Es uno de esos personajes buenos, sin dobleces. Y eso es lo que hace que el pueblo acepte a Bianca como una ciudadana de pleno derecho: porque no quieren herir algo tan puro que, al final, no hace daño a nadie.

Siempre he sido muy sensible con las historias que hablan de gente “diferente”. Nunca he entendido en qué maldito universo puede afectarte a ti que yo trate como real a una muñeca, coleccione figuras, me ponga una falda siendo hombre o me acueste con quien me dé la gana. Por eso el mensaje de Lars es universal, pero no todo el mundo está preparado para verlo: vive y deja vivir.

En un mundo donde lo más fácil sería señalar, burlarse o internarlo, el pueblo elige la compasión. Deciden que es más importante ese vecino raro pero con corazón de oro que tener razón. Es un recordatorio de que la verdadera comunidad no es la que obliga a todos a ser iguales, sino la que es capaz de sostener la fantasía de uno de los suyos porque sabe que, a veces, la verdad duele demasiado como para enfrentarla a solas.

Vive y deja vivir: Ryan Gosling, una muñeca y gente bonita

El bueno de Ryan ayudando a Bianca