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Influencers 2.0

Por Ele Pinkman

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¿Cómo una ameba sin personalidad es capaz de conseguir más de 200.000 seguidores en apenas un año?

Es una pregunta que me hago a menudo, ya que el algoritmo se empeña en mostrarme a gente mucho más exitosa que yo con la personalidad de una cuchara. Pero de entre todos los perfiles que el todopoderoso algoritmo decide enseñarme, hay uno que, sin duda, me pica más que los demás.

Esta persona tiene la personalidad que tenía yo a los 13 años (es decir, plana, previsible y ridícula) y sus palabras están obviamente formuladas por ChatGPT; ni siquiera disimula. Es, como vi una vez en uno de sus comentarios, un muñeco que habla, a través de un inteligencia artificial no lo suficientemente desarrollada.

Un muñeco que, a los pocos meses de empezar en redes, consiguió lo que gente que lleva años en esto (y ojo, en profesiones de verdad, como el periodismo) no ha logrado: entrevistar a figuras relevantes del cine (y cuando digo cine, digo Hollywood), figurar en todas las alfombras rojas posando como si fuese alguien y que la inviten, literalmente, a todo.

No me malinterpretéis, no hablo con envidia. De esa persona lo único que envidio es su cuenta corriente (digo yo que cuando haces 400 publicidades al día algo ahorrado tendrás) y la oportunidad de conocer a algún que otro actor. Lo mío es curiosidad real; tanta, que más de una vez he estado a punto de marcarme un Gloria Serra e investigar quién es realmente y quién la ha puesto donde está porque, sabiendo un poco cómo va el tema, solo puedo decir: "No sé, Rick…".

Me cuesta creer que sea todo natural, porque sería admitir la derrota absoluta de la sociedad y confirmar que la gente es idiota sin remedio. Que sus seguidores, de ser reales (cosa que pongo en duda, al menos en parte), son gente que irá mañana a la policía diciendo que Brad Pitt les timó 14.000 euros por Wallapop. Es gente que se cree todos los vídeos de IA que se encuentra, los de los chemtrails, terraplanistas y antivacunas.

Una persona que, como digo, es un pelele y que cada vez que abre la boca es para promocionar algo; su existencia misma se basa en ser publicidad andante. Si va a cagar, ese viaje se lo patrocina Renfe.

Llevo lo suficiente en internet para saber que, si algo huele mal, probablemente sea mierda. Con la de gente válida que hay, que se lo curra un huevo (y no lo digo por mi, si no por la cantidad de perfiles realmente interesantes que hay), y la eligen a ella...

Ahora me diréis: “Ele, cariño, como en todas partes”.

Pues sí, efectivamente, como en todas partes. Pero dejadme que me queje igual, que para eso esta es mi web y me la fó cuando quiero.

¡Os quiero!

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