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El Dia De La Revelación
Por Ele Pinkman
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No sé por dónde empezar esta reseña.
Recuerdo que, cuando salió el tráiler hace unos meses, me pareció una película interesante. Pensé: «Bueno, es Spielberg y el reparto, como siempre, es bastante decente. Igual es el blockbuster del verano».
Si es que no puedes confiar en nadie...
Solo diré que menos mal que no pagué por verla.
La premisa me parece fantástica: Josh O’Connor tiene la prueba irrefutable de que existen los alienígenas y quiere que todo el mundo, la humanidad entera, lo sepa.
Me parece una premisa potente y, bien llevada, seguro que hubiese sido absolutamente genial. Pero, igual que los influencers hacen promos de mierda para pagar algunas facturas, igual el bueno de Steven tenía algún arreglillo que pagar y se metió en esta película que hace aguas por todas partes.
Es tan no-sé-cómo-definirla que incluso el reparto parece flojear. Y ojo, tiene un cast increíble, pero que en esta ocasión está a la altura del resto de la peli: flojo.
Persecuciones de coches que rozan lo ridículo, aliens de cartón piedra, un malo —mi amadísimo Colin Firth— que parece una parodia de los villanos de James Bond... Dos horas y media de película. Repito: DOS HORAS Y MEDIA DE PELÍCULA que debería haberme ahorrado. Aunque, si lo hubiese hecho, no estaría escribiendo este artículo tan divertido, jeje.
Otro punto que roza la comedia es el intento de Spielberg de mezclar religión y ciencia y hacer que ambos conceptos convivan sin excluirse. Será que soy «atea» de nacimiento o que tengo absolutamente interiorizado que los aliens existen, pero este ángulo de la película me resulta un poco forzado.
De ser cierta la premisa de la película, de existir de manera irrefutable vida más allá de la Tierra, no tendrías que convencer A NADIE DE NADA. Los hechos son los hechos. No estás aquí para convencer a negacionistas o a gente que cree que nos están envenenando con chemtrails, que es lo que parece hacer la película en una especie de discusión silenciosa con las personas religiosas.
Sé que, si algo caracteriza al bueno de Steven, es que sabe entretener. Hace un cine muy familiar, muy disfrutable, y eso era precisamente lo que esperaba de esta película.
También sé que hay películas que existen para eso: para entretener. Por ejemplo, la saga entera de Taken. Tú entras en Taken sabiendo perfectamente lo que vas a ver: a Liam Neeson haciendo «placa, placa» y repartiendo hostias como panes. Y no te importa, porque vas mentalizado. Sabes a lo que vienes y, por eso mismo, la disfrutas.
Como Jurassic Park. Como E.T.


Me viene ahora a la cabeza un artículo que leí cuando se estrenó la película sobre cómo Emily Blunt debería estar nominada a premios importantes por esta interpretación. De aquella, yo, que no la había visto pensé "seguro que estamos sacando las cosas de madre...." No porque Emily no sea buena, si no porque ya me sé yo de qué palo van esos titulares.
Hoy confirmo que no era más que otra estrategia de marketing. Un cumplir la cuota de tonterías de la revista de cine de turno, porque si dices la verdad quizá nadie haría click en el enlace en cuestión.
[Idea para otro artículo: «Por qué nadie dice la verdad sobre las pelis de mierda».]
Y es que este es otro de los problemas: a veces a una película —o a un actor o actriz— se le da un bombo que no corresponde porque todo se basa en conjeturas. En muchas ocasiones, las primeras críticas se escriben todavía desde el desconocimiento y la fantasía. Desde las ganas de que aquello sea bueno.
Pero tus ganas de que una película sea buena no la convierten en buena. Y esta es una película con una muy buena idea pero mal ejecutada.
El ictus alienígena de Spielberg


Soy la primera que ve ciertos nombres —Russell T. Davies, Taika Waititi, Bill Lawrence— y se emociona. Pero lo hago de manera cauta. Hay que esperar siempre al resultado final.
Y El Día de la Revelación, para mí, no cumple ni con las normas básicas del entretenimiento.
Pero, como siempre, para gustos, colores. Y si has sido uno de los afortunados que la ha disfrutado, ¡bien por ti! Y lo digo sin ningún tipo de ironía en mis palabras.
Al final, la que se siente decepcionada soy yo, y eso nunca me gusta.
Gracias por leerme.




