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El Caballero de los Siete Reinos

Por Ele Pinkman

4 min leer

Juego de Tronos dejó un vacío difícil de superar. Me dio algo que hacía muchos años que no experimentaba, quizá desde Perdidos: esa obsesión casi enfermiza, ese pasar los días pensando en el siguiente episodio, ese escuchar podcasts de cinco horas como Hielo y Fuego y que se me hiciesen cortos…

Cuando terminó, HBO quiso seguir exprimiendo la línea Targaryen y sacó La Casa del Dragón con una temporada y una puesta en escena que prometía mucho. Me vi la primera tanda casi exclusivamente por el personaje de Rhaenyra, pero, honestamente, la serie se me hizo bola muy pronto. No sé si mi estado de ánimo no era el adecuado en aquel momento, pero mi mente empezó a dispersarse pronto entre tanto dragoncito y las puñaladas traperas que se daban unos a otros.

Abandoné el barco y le perdí la pista. Lo siguiente que supe (de manera reciente) es que George R.R. Martin se ha desentendido de la producción y ya no quiere saber nada —así, por resumir—, lo cual me indica que quizá la serie también se le hizo bola al bueno de George.

Sea como fuere, todavía hay mucho que explotar sobre esta saga que, evitando todo parecido y centrándonos exclusivamente en el principio de "explotabilidad", empieza a parecerse a Harry Potter…

En ese afán exploratorio (?), HBO anunció El Caballero de los Siete Reinos, basada en los cuentos de Dunk y Egg, que narra las historias de Duncan el Alto y Aegon Targaryen "el Improbable" unos cien años antes de la historia original de Juego de Tronos.

Lo he dicho muchas veces: la combinación adulto + niño/a casi siempre es un acierto seguro. En este universo lo vivimos antes con Arya y El Perro y, aunque son personajes diametralmente opuestos a Dunk y Egg, la fórmula funciona que da gusto.

En este caso, Dunk se nos presenta como un buen tío, incluso como un personaje bastante inocente pese a su edad, algo a lo que no estamos acostumbrados en las historias de Poniente (más allá de los Stark, los buenazos oficiales del Reino) , donde impera el "sálvese quien pueda" constante. Es un caballero de origen humilde y muy alto, a quien su buen corazón lleva a meterse en un lío importante con los Targaryen que, todo hay que decirlo, eran de mecha corta.

Por su parte Egg, el niño menudo y raquítico que lo acompaña, será en el futuro el rey Aegon V el Improbable que, para variar, será uno de los mejores y más queridos reyes de Poniente.

No sabía qué esperar. Personalmente no me he leído los cuentos, aunque sí conocía la historia por haberme leído Canción de Hielo y Fuego y estar familiarizada con sus andanzas, pero puedo decir que ha sido una grata sorpresa.

A menudo los actores de corta edad me resultan bastante insoportables como norma general y, por si fuera poco, este en particular tiene una voz que puede llegar a ser irritante; pero es TAN ADORABLE que al final le quieres dar un abrazo, como a Punch el mono. Ambos actores funcionan increíblemente bien juntos y el resto del reparto brilla con luz propia, con mención especial a Lyonel Baratheon y Baelor Targaryen, que me tenían enamoraíta perdía.

Es una serie ligera, breve, súper entretenida y, muchas veces, cómica, lo cual contrasta con el tono arduo y serio de cualquier historia de Poniente (y más si la comparamos con su antecesora directa).

Si bien no me ha obsesionado a niveles casi emocionalmente catastróficos como lo hizo Juego de Tronos —lógicamente, esto es solo un cuento, son historieta—, sí que me descubría pensando en el episodio o anhelando el siguiente un jueves cualquiera. Su despedida (por ahora) no dejará un vacío existencial, pero sí que la echaré de menos.

Un efecto secundario de la exposición a estos torneos medievales ha sido redescubrir Destino de Caballero, una de mis películas favoritas de los 2000 que hizo que llevase a Heath Ledger en mi carpeta del cole y me obsesionase muy fuerte con Paul Bettany. Ahora, 25 años después, he comprado la película en 4K para disfrutarla como me merezco, así que muchas gracias, Sir Duncan.

En resumen: una serie más que disfrutable y con una ligereza impropia del universo de Poniente; algo que a veces se agradece cuando te apetece ver algo bueno, rápido y sin la intensidad de un culebrón dinástico que te obliga a tomar apuntes para no perderte. A veces no necesitamos historias forjadas entre fuego y sangre; a veces, solo necesitamos a un caballero de buen corazón, un niño calvo y la sensación reconfortante de que, por una vez en Poniente, no todo tiene que ser una tragedia griega.

Mis dieses.

El Caballero con corazón de oro