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Backrooms
Por Ele Pinkman
3 min leer


Cuando el miedo está en tu cabeza
Y precisamente por eso funcionó.
Porque el miedo estaba en la sensación de que aquel lugar te resultaba familiar. Sabías cómo moverte por él, pero algo no encajaba.
La publicación venía acompañada de la idea de que, si en algún momento conseguías «salirte de la realidad» por el lugar equivocado, podías acabar atrapado en las Backrooms.
Después de esta mini lección de historia reciente, diré que Backrooms juega con la mente del protagonista y, de paso, con la tuya. No entiendes una mierda, pero ahí estás, completamente enganchado a la pantalla sin saber muy bien qué estás viendo.
No voy a ir de lista diciendo que la película representa tal o cual cosa. Creo que lo bonito del cine es precisamente que cada uno saque sus propias teorías y conclusiones. Esto de analizar las películas como si el espectador fuese idiota no va conmigo.
Cada uno que le de el sentido que crea conveniente.
No te va a cambiar la vida, pero te va a dejar con cierta paranoia... y con eso me vale.
Gracias por leerme!


Fan de mí por tener una cuenta de cine e ir poco al cine.
He dicho muchas veces que a mí el cine me pilla un poco a desmano y por eso elijo muy bien las películas que voy a ver. A veces me como algún mojón inesperado y otras veces me llevo una agradable y también inesperada sorpresa.
No confío en las películas virales. No confío cuando veo a demasiados influencers hablando de una película, sobre todo cuando esos influencers ni siquiera se dedican a hablar de cine. Eso es siempre, bajo mi criterio, una malísima señal. Señal de ñordo. Red flag cinematográfica.
Por eso esperé a ver Backrooms.
Mis expectativas no eran ni altas ni bajas. Me sonaba a película entretenida, que a estas alturas del verano es casi lo único que puedo pedir, y la verdad es que no me defraudó.


El concepto de las Backrooms no es nuevo, sobre todo en los videojuegos, con juegazos como The Stanley Parable, aunque este llegó después de la idea original y permite explorar el concepto de una manera mucho más directa. Porque, inciso aparte: no, las Backrooms no se las ha inventado este muchacho.
Pero en el cine sí es algo relativamente nuevo. Imagino que idear una película así es complicado y conseguir que funcione, todavía más.
La premisa es «sencilla»: en el sótano de la tienda de muebles donde trabaja el protagonista existe una especie de «puerta» hacia una inmensidad de pasillos interminables, con la sensación constante de que algo chunguísimo se esconde en algún sitio.
Y sí, efectivamente, algo chunguísimo se esconde en algún sitio.
La historia de Backrooms se remonta a un post random de Internet que ahora se ha convertido en una película dirigida por un chico que empezó a subir vídeos a YouTube con 15 años y que tiene, además, el aval de A24 bajo el brazo.
Todo empezó el 3 de mayo de 2019, cuando alguien decidió subir a un foro paranormal de 4chan (¿cuántas cosas han empezado en 4chan?) una foto de un espacio enorme, vacío y con unas paredes amarillentas.
La imagen no tenía nada especialmente terrorífico. No había bichos, ni sangre, ni figuras mirándote desde alguna esquina. Era, literalmente, un espacio que podría ser una oficina, un edificio en obras o cualquier sitio por el que probablemente hayas pasado mil veces en tu vida.
