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Scrubs
Por Ele Pinkman
4 min leer


Que levante la mano quien de los presentes ha visto Scrubs. No las veo, pero intuyo que no son tantas como me gustaría.
Scrubs es una de esas series que se perdió en la sombra siempre eterna de Friends, en la época en la que Buffy todavía daba patadas y House seguía abusando de la vicodina. Scrubs era una serie para soñadores, amantes del humor absurdo pero no "torrentil" y, sobre todo, fans de las tragicomedias; porque cuando sucede un drama (pequeño o grande) en mitad de algo divertido, es doblemente drama.
Fue una comedia que se emitió entre 2001 y 2010 y es, sin lugar a dudas, una de mis series favoritas in the world. Un happy place, una serie cozy a la que recurrir una y otra vez en un mal día (o una mala época) y, aunque como todas las comedias tiene una coherencia entre episodios, puedes verte capítulos sueltos y te seguirá haciendo gracia igual.
Primero os cuento de qué va y luego sigo. Scrubs cuenta las aventuras y desventuras de dos médicos novatos (JD y Elliot Reed) y el mejor amigo de JD, un cirujano también novato (Turk). Los tres inician juntos sus andanzas dándose cuenta de que no tienen ni idea de prácticamente nada y de que la facultad no les preparó demasiado para la vida real. A pesar de ser una comedia, he oído infinidad de veces que es la serie de médicos más realista que existe, porque la vida en un hospital es así: con errores, con nervios, con el típico juego de doctor bueno / doctor malo, pero también con mucha ilusión.
Pero Scrubs es mucho más que su sinopsis. Es una serie de personajes, de sentimientos universales, de pequeños detalles convertidos en episodios. De guiones hechos por adultos con mentalidad de niños, pero nunca infantiles. Gente que, al igual que su protagonista, JD, sigue sabiendo encontrar el niño interior que todos llevamos dentro y que a veces, por “presiones” sociales, no dejamos que salga mucho a la luz, no vaya a ser que los demás piensen que somos extraños.
Y precisamente eso, las peculiaridades de JD (Zach Braff), es lo que convierte a Scrubs en una de las series más auténticas que vas a ver. Yo de la vida de un médico no sé nada, pero de ser peculiar sé bastante y quizá por eso es una de mis series favoritas. Porque llegó para darme un mensaje ("os traigo la paz", como diría la aparición del señor Burns en Los Simpson), un mensaje que decía: “sigue siendo extraña y buena persona, porque al final eso es lo que cuenta”.
Lo que hace diferente a Scrubs, aparte de todo lo que he comentado, son sus ensoñaciones. Siempre a cargo de JD, al que vemos fantaseando todo el rato con situaciones de lo más bizarras y dando vida de manera onírica a esas tonterías que a todos se nos ocurren y que solo tienen lugar en nuestras cabezas. JD es, ante todo, un soñador. Una especie de Ally McBeal moderno sin el Dancing Baby de por medio (Dios, ¿os acordáis del Dancing Baby?); es, al fin y al cabo, el reflejo de cualquier joven…
Como decía al principio de este artículo, Scrubs es una dramedia, que no es lo mismo que una tragicomedia (en realidad sí, pero este término es demasiado teatral y no me gusta emplearlo para las series); una serie de esas que calan y se quedan contigo.
Pero no nos engañemos, no todo son risas y fantasías con osos de peluche gigantes. La serie tiene la capacidad de darte un bofetón de realidad en el momento en que más relajado estás. Todavía se me pone un nudo en la garganta al recordar ciertos momentos musicales con Joshua Radin de fondo, o esos finales de capítulo donde la voz en off de JD lanza una reflexión que te deja mirando al techo un buen rato. Te enseña que, por mucho que te escondas en tu mundo de piruleta, la muerte y el fracaso forman parte del hospital, y aprender a lidiar con ello sin perder la sonrisa es el verdadero superpoder de sus personajes.
Además, no puedo hablar de esta serie sin mencionar la química legendaria entre JD y Turk (el bromance definitivo mucho antes de que se inventara el término) o la mala ostia necesaria del Dr. Cox. Es un ecosistema perfecto donde hasta el Conserje, con sus mentiras imposibles y su odio irracional hacia el protagonista, acaba siendo un pilar fundamental.
Scrubs es una de mis series top 3 de la vida, espero que también sea de la vuestra.
Manual del perfecto soñador








