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Moulin Rouge

Por Ele Pinkman

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Moulin Rouge es una de esas películas que marcó mi vida junto con El club de los poetas muertos o C.R.A.Z.Y., de las que hablaré en cuanto pueda.

Corría el año 2002 cuando fui con mi amiga del cole, con la que iba todos los viernes rigurosamente al cine, cuando fui a ver Moulin Rouge. Sabía de qué iba la película, e iba preenamorada de Ewan pese a conocerlo poco todavía. Mal sabía yo, inocente con mis quince añitos, que estaba a punto de ver una de las pelis que me cambiarían la vida y a la que más cariño le tengo en la historia del cine.

La vi siete veces en el cine de mi barrio. Me dejó fas-ci-na-da y desde entonces le profeso amor eterno a Baz Luhrmann, aunque mi fanatismo no me impide ver que alguna vez también la caga (¿Australia? ¿Hola?). De alguna manera, no me digáis por qué, me parece el predecesor de Wes Anderson, quizá porque ambos son reconocibles en su forma de hacer cine, como lo son también Tarantino, Nolan o Taika Waititi, y eso me gusta.

La película, para los despistados, cuenta la historia de amor entre Christian (Ewan McGregor), un escritor bohemio que llega a París buscando inspiración en la ciudad del amor, y Satine (Nicole Kidman), la “cortesana” más guapa del Moulin Rouge que, como dice ella, vende su amor a los hombres. Ambos se conocen por error y, boom, entre ellos surge el amor más puro y maravilloso; todo amenizado con un espectáculo de cabaret y una explosión casi constante de colores y música en la que también hay espacio para que salga Kylie Minogue como el Hada Verde (o lo que es lo mismo, el hada que se ve tras unos cuantos chupitos de absenta) o incluso se interprete el Tango de Roxanne en boca de José Feliciano.

Nunca me consideraré una entendida en cine, por mucho que me guste hablar y tenga una página para ello. Me gusta el cine, las buenas historias, lo que me transmiten; todo lo demás para mí es secundario. Quizá si hubiese visto hoy Moulin Rouge me hubiese gustado sin más, teniendo en cuenta que detesto profundamente las películas de amor (aunque hay excepciones) y mi género menos favorito son los musicales (no soporto ni los musicales de Los Simpson, aunque me los sé de memoria a base de repetición…) y eso es precisamente Moulin Rouge.

Claro que la historia cambia cuando las canciones que suenan son de Bowie o U2, ahí ya me vais ganando. Claro que la historia cambia cuando las cantan Ewan McGregor y Nicole Kidman (sobre todo Ewan, lo admito, hace versiones impecables). Y claro que la historia cambia cuando el amor es casi un teatro con una banda sonora de Queen.

La película que parecía que no me iba a gustar nada se convirtió en mi favorita durante muchísimo tiempo. Me obsesionó. Me compré el DVD edición especial, hoy descatalogadísimo y que era una maravilla (tenéis foto más abajo), y me compré también los dos discos que sacaron con la BSO (sí, era tan buena y extensa que sacaron dos). El segundo, por cierto, me lo robaron en Barajas. Algún controlador de esos que ponen las mochilas en las cintas de equipaje decidió quedarse con la mochila de una niña de quince años por lo que fuese y nunca la recuperé, por lo que fuese también. Desde entonces no he vuelto a ir en Iberia.

Total, que me lío. Moulin Rouge.

Ojalá el cine de hoy me hiciese sentir la mitad de las cosas que me hizo sentir Moulin. Quizá he cambiado yo, que ya nada me sorprende, o quizá haya cambiado el cine, aunque seguramente sea una mezcla de ambos conceptos. Moulin Rouge me hizo creer todavía más en la magia del cine. Fue una de esas pelis maravillosas que aparecen de la nada para poner tu mundo patas arriba.

Quizá sin ella hoy no tendría esta página web. Quizá sin ella no habría entendido que las cosas hay que hacerlas siempre con pasión, aunque nadie las entienda. Que otra forma de cine era posible, que a veces camuflamos los dramas como comedias simplemente para poder seguir viviendo.

Y que el cine es y será siempre magia.

El musical para los que detestamos los musicales

Qué bonita es esta escena

El malo malísimo y la guapa gapísima

Ewan y Nicole, la pareja más guapa de los 2000