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Lost In Translation
Por Ele Pinkman
2 min leer


Cuando Sofia Coppola estrenó su película allá por 2004, nos referíamos a ella como la peli indie de turno que siempre hay en los Oscar. Evidentemente Sofia era hija de quien era, y eso seguramente hizo que escalase algún que otro peldaño de más (para los supermillennials, aclarar que su padre es el director de Apocalypse Now o la saga completa de El Padrino).
Hoy hubiese sido, sin ninguna duda, una de las grandes. De aquella era indie porque la directora era todavía una promesa; tenía a Bill Murray, pero Scarlett Johansson no era tan tan tan conocida. Además, la peli era peculiar, extraña, con un final que dio mucho que hablar no porque sucediese nada extraordinario, sino por todo lo contrario. En esa época la gente estaba acostumbrada a que nos diesen las pelis muy masticadas; por eso costaba entender por qué no escuchábamos lo que Bill le decía a Scarlett antes de alejarse de ella para siempre.
Lost in Translation es una película que se sumerge en la soledad y la conexión humana de dos almas solitarias que encuentran consuelo en medio de una ciudad abrumadora como Tokio. Una oda a los encuentros efímeros que pueden cambiar nuestras vidas.
Y ya está, porque la vida es eso, amigos: buscar compañía y conexión en medio de la maldita locura. Y lo bonito es que entre ellos no hay una verdadera conexión romántica aunque todo apunte a que sí; son solamente dos personas que se saben solas y se encuentran. Punto. Magia. Aplausos. Japón. Doraemon.
Y sí, es verdad que si Bill Murray tuviera 30 años menos, sería una película romántica llena de clichés, peeeero no es así. Es una de esas películas que ganan con los años. Hoy, hablando en plata, Lost in Translation es mi mierda total.
No es que me fascine especialmente, pero hay algo en ella: en la ausencia de banda sonora, en los silencios, en ese Tokio que hoy se consideraría ASMR visual del bueno. En una Scarlett Johansson que nos representa a todos cuando nos perdemos en la vida y solo buscamos conectar con algo o alguien.
Y quizá por eso me he montado yo esta web, y este Twitter (decir X me suena a porno, lo siento), y esta vida paralela para hablar de cine como si le interesase a alguien mi opinión.
Todo para conectar, que al final es de lo que va la vida.
Perderse para encontrarse


