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Fleabag

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Hablar de Fleabag es hablar de series de calidad. Me imagino que a estas alturas, a nada que te gusten un poquito las series, ya habrás oído hablar de ella. Así que yo, como siempre, llego tarde a todo (y no pasa nada, estoy en paz con eso de no subirme al carro de todas las tendencias).

Pero como es una de mis series favoritas de los últimos años, es menester hablar de ella. Reconozco que la primera temporada, aunque me gustó bastante, no me entusiasmó demasiado (¡no como la segunda, mamma mia!). Quizá porque a veces me canso del empoderamiento femenino y de las historias de treintañeras libres, camino que inauguró hace veinte años Bridget Jones y que desde entonces no da tregua (y todo bien, ¿eh?, líbreme Dios de decir lo contrario).

Pero antes de meterme a dar opiniones, os cuento de qué va: la serie nos cuenta la vida de una chica de treinta y something (que se llame o apode Fleabag es algo que realmente no tenemos claro porque nadie se refiere a ella así, pero el título de la serie, you know...) que vive presumiblemente en algún punto de Londres y está, por decirlo de alguna manera, un poco desbocada en cuanto a los hombres y las relaciones amorosas.

Pero Fleabag no va de eso; no es una serie romántica al uso ni esto es First Dates. Las cosas han cambiado y las historias de amor son más complejas que nunca; aunque tengo la teoría de que siempre lo han sido pero ahora, a diferencia de antes, lo expresamos más.

Es muy probable que a estas alturas también hayas visto alguna foto de la serie donde hay un cura implicado. El cura en cuestión, conocido popularmente como el Hot Priest, es Andrew Scott (Moriarty para los fans de Sherlock, entre los que también me encuentro, of course) y aparece en la maravillosa segunda temporada.

Fleabag no solo aborda las relaciones modernas desde una óptica nueva de empoderamiento y feminismo, sino también las relaciones totalmente disfuncionales que tenemos con nuestras familias (sin que esto se convierta tampoco en Shameless...); todo bañado con un humor inglés muy particular y, sobre todo, muy brillante.

Lo característico de la serie es que la protagonista rompe “la cuarta pared”. En medio de todo lo que está viviendo, se gira a la cámara para comentar algo o hacer algún chiste o apunte, haciéndonos partícipes de lo que ocurre en su mente. Es como darle forma a nuestra conciencia, a todo eso que pensamos mientras vivimos ciertas cosas y que solo tiene recorrido en nuestra cabeza; una especie de Ally McBeal moderna.

La rotura del alma y la cuarta pared

Todas las tías conocemos un creepy así

Hello Hot Priest, i'm hot too

Fleabag somos todas

¿No os pasa que a veces no sabéis hablar de las cosas que más os gustan? Es como si no encontraseis palabras o supieseis de antemano que no vais a estar a la altura de lo que pretendéis decir; que no vais a saber transmitir vuestra pasión a la gente que os escucha. Supongo que con Fleabag me pasa un poco eso. No sé qué decir. Y cuando no sé qué decir, solo puedo recomendaros verla: que le deis al play y que decidáis por vosotros mismos.