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Call Me By Your Name
Por Ele Pinkman
3 min leer


Me resulta particularmente difícil hacer esta review. Me pasa siempre que hago críticas de alguna película o serie que me gusta demasiado. Me da miedo empezar a escribir y sacarle defectos o, peor aún, sentir que no estoy a la altura, que me falta pasión o palabras para transmitir lo que pretendo y que, lejos de interesaros, penséis: “ahora sí que no me apetece nada verla”.
Pero antes de meterme a dar mi opinión libremente, contextualizo y explico de qué va para los que no tienen ni idea (si es que todavía hay alguien). Call Me by Your Name nos cuenta la historia del verano de Elio, un chico de 17 años, y Oliver, un chico de veintipocos pero que parece mayor y tiene un aire a Bertín Osborne pero en rubio.
La historia transcurre en una preciosa casa de la Toscana italiana donde los padres de Elio suelen acoger a estudiantes. El padre es profesor de arqueología; de hecho, esa es la razón por la que Oliver está allí: ha ido como estudiante de posgrado para ayudar al profesor con sus investigaciones y con la clasificación de estatuas y reliquias antiguas.
Sí, lo sé. Es altamente probable que intuyáis lo que pasa sin haberla visto. Y sí, evidentemente tenéis razón. Pero, ay amigos, la forma de contarlo...
Seguramente es una de las mejores interpretaciones de Timothée Chalamet hasta la fecha (aunque me da que este niño nunca hace nada mal). Es extremadamente sencillo sentirte parte de la película y experimentar los sentimientos de Elio mientras recorres bucólicos paisajes a ritmo de Sufjan Stevens. El ambiente intimista es brutal, y esa reticencia de la cinta a darte “lo que quieres” solo hace que aumente el interés y experimentes la angustia de la necesidad; ese dolor casi físico que se produce cuando dos personas deberían tocarse y no lo hacen.
Es físicamente posible sentir también el calor en el cuerpo (no solo ese calor, que también); hablo del calor del verano en Italia. El canto de las chicharras, los pequeños lagos, los pantalones cortos, las bicicletas, las fiestas de pueblo de noche y los amores que vienen y van. La magia de los secretos.
Es posible que a mí Call Me by Your Name me dejase un poco tocada porque, cuando esta película llegó a mi vida, yo estaba pasando por algo similar (salvando las distancias) a lo que vivía Elio.
Particularmente dolorosa es para mí la última media hora de la cinta, donde vemos a un padre dar un discurso que ojalá pudieran escuchar todas las personas que aman diferente. El dolor que siente Elio cuando tiene que decir adiós a Oliver en la estación de tren y abrazarlo como si solo fuesen amigos es algo que he vivido en primera persona. Y lo que pasa después —ese Elio deshecho en lágrimas pidiéndole a su madre que le venga a recoger—, también.
Quizá Call Me no sea para tanto; quizá es que yo soy muy sensible (que es verdad y no me avergüenzo, incluso he escrito sobre ello), pero lo cierto es que hay algo en esta historia que deja huella. Y sí, la película nace del libro homónimo de André Aciman pero, a riesgo de que alguien me mate, debe ser la primera vez que puedo afirmar que la película es mejor que el libro (a lo mejor es una cuestión de que el cine tiene banda sonora).
CMBYN es más que una película de amor o un coming of age (ese término para hablar de madurar y salir del armario); es una película de sentimientos que salen de la pantalla para destrozarte los higadillos y, sobre todo, hacer que te cuestiones si tú has sentido algo tan fuerte alguna vez. Al final, cuando empatizas con algo, se vuelve personal. La línea que separa el “me encanta” del “no pude acabarla” suele ser, simplemente, haberlo experimentado en carne propia.
Ya sabéis lo que os voy a decir: buscadla en Netflix, preparad clínex y psicólogos y después venid a contarme qué os ha parecido.




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