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Big Fish
Por Ele Pinkman
3 min leer


Cuando alguien me pregunta cuál es mi película favorita, siempre me viene a la cabeza contestar Big Fish (y depende de mi interlocutor, lo hago), aunque sea una verdad a medias. No es mi película favorita (es El club de los poetas muertos), pero está claro que es una película que me gusta mucho.
Vaya por delante que cuando yo hago la misma pregunta a alguien y me contesta Big Fish, lejos de pensar “wow, qué bien”, pienso siempre: “ok, qué previsible”.
Uy, Ele, cómo eres. Maldita nazi.
Me pasa igual con la música, no os vayáis a pensar. Si alguien me dice que su grupo favorito es Coldplay, siento una especie de decepción corriendo por mis venas, como si esa persona pudiese aspirar a algo mejor que escuchar a Coldplay. Y sé que muchos de los que me estáis leyendo sois, indeed, fans de Coldplay y a mí también me gusta, pero ¿no se ha vuelto demasiado mainstream? (¿Os acordáis de esa palabra?).
También es verdad que prefiero que la gente escuche Coldplay que Bad Bunny. Dios, visto así, ojalá todo el mundo escuchase a Coldplay.
Entonces, ¿por qué narices has elegido hablar de Big Fish (Gran Pez se llamó en Latinoamérica; no, no es broma)? Porque es mi blog y me lo f* cuando quiera**, eso lo primero. Y lo segundo, porque a pesar de todo, es Tim Burton y le tengo un cariño infinito.
Big Fish fue la película que me hizo pensar que otra forma de soñar era posible. Una donde había colores chillones y una estética casi de dibujos animados. Fue como ver un cuento interpretado por humanos, pero mejor, porque estaban Ewan McGregor, Helena Bonham Carter y Jessica Lange en él.
A veces se me olvida contar de qué van las pelis o las series porque asumo que sois gente de bien que, tras 20 años después del estreno (sí, sí, has leído bien, veinte añitos), ya ha visto según qué cosas; pero para los despistados y, sobre todo, para todos mis fans (equisdé), ahí os va el resumen:
Gran Pez (equisdé) cuenta la historia de William Bloom, un hombre que tiene muy poca relación con su padre pero que, tras enterarse de que sufre una enfermedad terminal, vuelve a casa para estar a su lado (menos da una piedra, I guess). Mientras está allí, su padre le come la cabeza con las mismas historias que lleva escuchando toda la vida; movidas que “nunca sucedieron” y que implican una gran dosis de inventiva, incluyendo gigantes, gemelas unidas y un abanico de variopintos personajes que su padre afirma haber conocido en su juventud.
La famosa escena de Ewan McGregor en un campo amarillo es parte de una de esas historias, en concreto la que pertenece al relato de cómo conoció a su madre, con la consiguiente pausa literal del tiempo en medio de un espectáculo circense.
Big Fish es, junto con Eduardo Manostijeras, la mejor película de Burton. Su forma de contar historias y de dar forma a las movidas que hay en su cabeza me parece mágica, quizá porque me siento más cerca de su mundo que del mundo real. A saber la de cosas que tienen que pasar por ese cerebro suyo privilegiado y que nunca se materializarán… ¿Es Tim Burton la versión cinematográfica de Ágatha Ruiz de la Prada pero en gótico? Yo digo sí.
La verdad es que ahora que yo misma he hecho el repaso de Big Fish, me apetece volver a verla y dejarme llevar por la emoción que desprendían antes las historias de Tim Burton (lo siento, pero Charlie y la fábrica de chocolate o Sombras tenebrosas no me transmiten nada más allá de la estética; se tenía que decir y se dijo).






Big Fish: El 'Coldplay' de las películas de Tim Burton
A fin de cuentas, la vida es una mierda si solo nos quedamos con los hechos probados. Así que si me disculpáis yo me voy a ver a Ewan McGregor, que siempre me alegra los días.
Quiero un Ewan Mcgregor pa mi.
