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Barbie

Por Ele Pinkman

3 min leer

Qué decir de Barbie que no se haya dicho ya. Hacer esta review meses después de su estreno me da más perspectiva de la película y, sobre todo, del impacto que vino tras su estreno. Cuando salieron las primeras imágenes de Margot reconvertida a Barbie y Ryan Gosling como su Ken particular, todos nos echamos las manos a la cabeza (yo la primera); no porque no fuesen válidos para el papel (aunque muchas voces se levantaron para decir que Ryan era demasiado mayor para interpretar a Ken), sino porque todos nos preguntábamos a qué demonios venía una película sobre la Barbie. Menuda chorrada.

Pasó el tiempo y llegó el tráiler. Y ahí fue cuando algunos no creyentes empezaron a entender. El tráiler pintaba bien, pintaba muy bien. Con ese guiño a 2001: Odisea del espacio y esas niñas destrozando los muñecos-bebé con los que tantas generaciones han jugado. Jugando siempre a ser madres, eternas cuidadoras, como si no hubiese mundo más allá. Barbie llegaba para romper moldes y, sobre todo, hacernos soñar. Un tráiler divertido, rosa, con un mensaje, Margot y Ryan guapísimos... rosa, todo muy rosa. Lógico.

Y se estrenó la película y, durante un breve segundo en el tiempo, nadie hablaba de otra cosa. Como cuando salió Pokémon GO y el mundo se unió para ser un lugar mejor (o peor, depende de a dónde llegase la locura). Durante un instante, Barbie, las mujeres y el rosa lo dominaron todo. Y eso no sentó bien a muchos, mayoritariamente hombres, que vieron en el papel de Ken un intento de vejarlos como especie, de reducirlos a nada más que a una expresión infantil mientras ella, Barbie, cuyo papel durante más de 50 años había sido siempre el de ser perfecta y el de servir a los hombres, buscaba su propósito en la vida más allá del motivo por el que había sido creada.

Ambiciosa, sin duda, pero de ejecución perfecta.

El discurso final (y casi casi el motivo por el que está nominada al Oscar la Ferrera este año) somos todas las mujeres. Todas. Y después de casi dos años desde su estreno, y después de todas las críticas que he leído y los comentarios que he escuchado, puedo afirmar que de Barbie, con desprecio, solo hablan los de siempre: los Kenes ofendidos, los señoros, los unga unga de capa y espada que sienten su mundo y virilidad amenazada por culpa de una muñeca. Auch, tiene que doler ser tan frágil.

Igual les molesta que se caricaturice a los hombres como seres que estorban, que no aportan nada y que no son más tontos porque no entrenan. Yo lo entiendo, claro. Y lo entiendo porque ese ha sido el papel de la mujer durante generaciones: un maldito cero a la izquierda. Hasta ahora.

But wait, there's more. Resulta que Greta Gerwig, lejos de querer enfocar así a Ken, va y le da una profundidad al personaje que ya quisieran muchos hombres para al final decirnos (decirles) que, al igual que Barbie, tienen que aprender a ser libres, emocionalmente independientes y buscar su propio camino, con o sin Barbie en la ecuación, y que su mundo, el de los Kenes, no se va a venir abajo porque ella lo encuentre. Barbie no tiene sus derechos a costa de quitárselos a Ken. Y parafraseando a Ryan, son Kenough.

Hay quien se ha llevado las manos a la cabeza con esto de que Barbie esté nominada a mejor película. En la edición de los Globos de Oro de este año se creó una categoría nueva casi específicamente para poder premiar esta película un poco porque sí, por el efecto que ha creado. Joder, yo misma dejé mi trabajo en un sitio de mierda dos días después de ver la cinta, con un aire renovado de empoderamiento, de valía, de seguridad. No sé si se merece o no el Oscar, pero se merece muchas cosas, y si acaban dándoselo me parecerá bien.

El cine debería ser esto: una buena historia capaz de inspirar a miles de personas. Y en esto, Barbie ha cumplido con creces.

Cuando las muñecas se empoderan

Es que son Barbie y Ken, míralos